martes, 10 de enero de 2017

Conviviendo con especies invasoras

Cuando una población de una especie llega a un entorno lejos de su distribución natural generalmente tiene pocas posibilidades de prosperar. Sin embargo, este hecho se ha producido tantas veces a lo largo de nuestra historia que algunas de estas introducciones han sido fructuosas.
Dentro de esta pequeña proporción de especies foráneas que han podido desenvolverse en un nuevo ambiente del originario, solamente un 10% de ellas llegan a ser perjudiciales para el medio ambiente y/o las actividades humanas. Pero un 10% de un gran número sigue siendo un gran número.

Tortuga de orejas rojas introducida
Tortuga de orejas rojas introducida en un río en Catalunya - Imagen de Enric Pàmies

Solamente en Europa hay documentadas 1.094 especies que causan impactos ecológicos y 1347 con impactos económicos. Estas especies son las llamadas Especies Exóticas Invasoras (EEI).
El proceso de invasión biológica de una especie puede dividirse en cuatro fases: de entrada, establecimiento, propagación e impacto. Por lo tanto, una especie considerada invasora tiene que llegar a un nuevo lugar (una o múltiples veces), reproducirse, expandirse lejos de su lugar de introducción y llegar a ser una amenaza en su nueva área geográfica.

Estas introducciones de EEI según el proceso que ha facilitado su entrada en un nuevo hábitat, pueden clasificarse como intencionales o no intencionales.
Dentro del primer grupo se incluyen las que se han producido por el ser humano de forma deliberada: producción de alimento (Cangrejo rojo americano introducido para el consumo), caza y pesca deportiva (Siluro traído a la Península por pescadores alemanes), control biológico (Gambusia introducida para el control de mosquitos), abandono de mascotas (Tortuga de orejas rojas vendida en tiendas de mascotas), razones estéticas (Jacinto de agua), entre otras.

Jacinto de agua
Jacinto de agua, una planta con gran potencial invasor - Imagen de Enric Pàmies

En el segundo grupo estarían las acciones antrópicas que han favorecido a la introducción de estas especies de forma involuntaria: polizones (Mejillón cebra adherido en cubierta de barcos o en agua de lastre), abatimiento de barreras geográficas (Entrada del Pez globo en el Mediterráneo por el Canal de Suez), transporte de mercancías (Picudo rojo en palmeras procedentes de Egipto o Mosquito tigre en neumáticos usados), escapes (Caracol manzana en el Delta del Ebro), quiebra o cierre de explotaciones con fauna (Visón americano de granjas peleteras), etc.

Cangrejo rojo americano
Cangrejo rojo americano - Imagen de Enric Pàmies

Todas estas especies comparten una serie de características ecológicas que les permite ser abundantes y persistentes en un nuevo hábitat. Entre estos factores se incluyen la ausencia de enemigos naturales, parásitos o enfermedades (Culebra real de California en Gran Canaria), la capacidad para ser un depredador efectivo en el nuevo ecosistema (gatos domésticos abandonados), la habilidad de aprovechar hábitats artificiales o perturbados (Cotorra argentina) o la alta adaptabilidad a nuevas condiciones siendo capaces de explotar nuevos recursos.

Una vez una especie es considerada como exótica invasora en un lugar determinado pasa a formar parte de la lista “negra” de especies invasoras regulada por la conveniente legislación (en España Real Decreto 630/2013). La inclusión de una especie en estas listas prohíbe su posesión, transporte,
introducción en el medio natural, el tráfico y comercio de ejemplares vivos o muertos, figurando, en España, estas actividades como delito contra el medio ambiente en la Ley orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal. Además, las administraciones encargadas de cada lugar donde estas especies están presentes deben redactar y poner en marcha planes de actuación para controlar, mitigar sus efectos o erradicar las EEI. Es difícil de estimar los costes económicos que causan estas especies, particularmente cuando el daño producido es sobre valores de uso indirecto, tales como servicios ecosistémicos, o recursos no aprovechables para los humanos. Sin embargo, se estima que solamente en Estados Unidos el control y los impactos producidos por las especies invasoras ascienden a aproximadamente 137.000 millones de dólares al año.

Lejos de los impactos económicos, quizás son más importantes los efectos directos que causan las EEI sobre los ecosistemas donde habitan. Después de una invasión en un lugar concreto la diversidad aumenta de forma temporal, pero esta posteriormente puede verse reducida debido al desplazamiento de especies nativas por exóticas más competitivas o la depredación de las foráneas sobre las nativas, pudiendo resultar en la extinción de las autóctonas. No todas las especies nativas se ven afectadas de igual manera, las especies con un área de distribución más restringida o no habituadas a depredadores serán las más amenazadas.
En diversos estudios se ha calculado que las especies invasoras son la principal causa de extinción de aves (65 de 129 spp.) y la segunda causa de la extinción de peces norteamericanos (27 de 40 spp.), de peces del resto del mundo (11 de 23 spp.) y de mamíferos (12 de 25 spp.). Aunque la extinción es a menudo el resultado final de las invasiones, hay otros impactos ecológicos y evolutivos asociados a la introducción de especies exóticas.
Uno de ellos es la hibridación, esta se da cuando las especies foráneas están estrechamente emparentadas con las nativas y entre ellas pueden llegar a reproducirse produciendo descendencia híbrida y en ocasiones infértil. Estos efectos junto con la modificación del hábitat o incluso la introducción de una enfermedad de la cual la especie introducida es portadora, son consecuencias de las invasiones biológicas a nivel local, es decir, se producen en el lugar concreto donde se ha producido la invasión.

Chinemys reevesii
Chinemys reevesii, una especie asiática que puede hibridar con el galápago leproso - Imagen de Enric Pàmies

Por otro lado, los cambios bióticos a gran escala son los resultados que producen todas las invasiones biológicas en general en una gran área, uno de los más relevantes es la llamada homogeneización de la biota. La homogeneización biótica es un proceso ecológico en el cual biotas (conjunto de especies que ocupan un área determinada) diferentes y con identidad propia pierden sus características particulares en todos los niveles de organización tanto funcionales como taxonómicos y genéticos. Este fenómeno se realizaría debido al establecimiento de especies no nativas invasoras y la extinción de especies endémicas que tendería a una uniformización de las diferentes biotas a escala planetaria. Otra posibilidad a gran escala sería que las biotas cambien totalmente después de la intervención humana respecto a su estado original.

Cotorra monje (Myiopsitta monachus)
Cotorra monje (Myiopsitta monachus) - Imagen de Enric Pàmies

Pese a todos los inconvenientes que pueden llevar a provocar las introducciones de especies foráneas, en ocasiones estas entradas de especies no nativas pueden no llegar a ser perjudiciales o incluso, en casos particulares, beneficiosas para las poblaciones humanas. Algunos de estos casos serían especies introducidas como cultivos alimentarios (por ejemplo, maíz, trigo y arroz) o ganadería (por ejemplo, vacas y aves de corral) que generan miles de millones al año o como control biológico de plagas. Este último método consiste en la introducción deliberada en la naturaleza de poblaciones de parasitoides, depredadores, patógenos o competidores para eliminar o controlar una plaga. En 2001 se analizaron los resultados de 1200 programas llevados a cabo de control biológico alrededor del mundo y 200 de ellos fueron satisfactorios. En estos 200 casos, la introducción de especies foráneas resultó ser un beneficio en vez de un problema. Sin embargo, el balance de los casos fructíferos fue muy desfavorable; 1000 de estas introducciones acabaron siendo un problema medioambiental o no tuvieron efecto. Actualmente se ha llegado a estimar que el método de control biológico es la quinta ruta más importante de entrada de organismos exóticos en el medio natural.

La biota alrededor del mundo está en un equilibrio constantemente cambiante, la inmigración y la especiación aumentan la diversidad y los efectos de la emigración y extinción la disminuyen. Referente a estos hechos, algunos ecologistas y biogeógrafos sugieren que la biota en todo el mundo está tan saturada de especies que añadir otras especies foráneas a estos ecosistemas solo puede causar la extinción del mismo número de especies nativas. En cambio, otros afirman que la mayoría de los lugares en la tierra están lejos de ser saturados y por ello el mundo es capaz de absorber colonizadores extranjeros sin perder la misma cantidad de especies nativas. Por tanto, según esta segunda visión ecosistémica, una especie exótica que se establezca en un nicho ecológico (lugar y función que ocupa una especie en un ecosistema) libre sería difícil de establecer si realmente es dañina o no en el nuevo entorno, incluso si esta nueva especie no causa ningún problema lo que produciría es un aumento de la biodiversidad del lugar. Junto con esta visión cabe considerar dónde se establece el límite por el cual una especie se considera nativa o no. Para decidir si una especie es nativa o exótica generalmente nos basamos en evidencias históricas y paleoecológicas. No se puede discernir especies autóctonas de foráneas analizando morfología o comportamiento. En otras palabras, en algunos casos, sobre todo en los de introducciones no recientes, según la base de evidencias históricas que se conozcan o se tengan en cuenta, algunas especies se consideraran en un lugar concreto o bien nativas o exóticas siendo por consiguiente protegidas o acusadas de “crímenes contra la naturaleza”.

Gambusias
Gambusia, una especie introducida para combatir los mosquitos - Imagen de Enric Pàmies

Con todas estas ideas no se debe llegar a la conclusión que las especies foráneas naturalizadas sean deseables, ni se puede discutir en contra de los esfuerzos para prevenir las introducciones o erradicar especies extranjeras. Simplemente, para considerar que las EEI causan extinciones locales y daños en los ecosistemas se necesitan más evidencias científicas rigurosas y con ello más financiación por parte de los organismos encargados, para poder aprender tanto de especies exóticas como sea posible y comprender de mejor manera los complejos patrones de biodiversidad asociados a ellas.
Todo este conocimiento científico que se obtiene sobre las especies invasoras debería tenerse en cuenta en el momento en que se toman decisiones sobre la inclusión o no de una especie foránea en las “listas negras” de cada región, para no cometer errores y poder hacer una evaluación más precisa del efecto de dichas especies.

Estas listas de especies prohibidas, en las cuales el número de especies incluidas va en aumento cada año, están lejos de ser realmente efectivas, precisamente debido al poco uso que se da a este conocimiento científico y en la forma en que se incluyen especies en el catálogo. Estos catálogos se generan con carácter “retroactivo”, una vez la especie ya está establecida en un lugar, ha generado problemas (ya sean económicos y ecológicos) y cuando prácticamente es imposible de erradicarla, se incluye en dicha lista. Esto se hace para evitar más introducciones en la naturaleza, pero muchas veces el daño ya está hecho y lo único que se puede hacer es intentar mitigar los efectos causados. La forma más eficiente para hacer frente a las especies introducidas es, evidentemente, evitar que se introduzcan. Solamente en Estados Unidos la mitad de las especies invasoras actuales fueron introducidas deliberadamente, ya que la mayoría no figuraban en la lista negra, por lo que este sistema no está funcionando.

Una posible solución a este problema sería el uso de las llamadas “listas blancas”. Estas listas, las cuales aún no están en uso, se generarían a partir de evaluaciones de riesgos para las especies exóticas, es decir, que probabilidad tiene cada especie de que una vez introducida llegue a ser invasora, impidiendo así la entrada de posibles invasoras en un lugar concreto. Las listas blancas se deberían hacer en base de predicciones de biólogos y economistas sobre las probabilidades de invasividad y costos asociados de cada especie. Las evaluaciones de riesgos de las especies introducidas ya se han utilizado anteriormente dirigidas principalmente a las especies como vectores potenciales de patógenos y no como potencialmente invasores, resultando ser efectivas. En resumen, en las listas blancas se enumeraran las especies de tenencia permitida, aparecerán especies que no tengan potencial de convertirse en invasoras en cierto lugar basándose en características biológicas, ecológicas y comerciales (en el caso de las mascotas) y en registros de suelta y/o establecimiento en otros lugares.

Pareja de busardo de Harris
Pareja de busardo de Harris naturalizadas. Es una especie habitual en cetrería - Imagen de Enric Pàmies

La idea de las listas blancas no surge para substituir a las actuales listas de especies prohibidas, sino para complementarlas. Es decir, ciertamente algunas especies exóticas nunca deberían ser permitidas debido a su gran capacidad invasora demostrada y daños ocasionados anteriormente, por lo que deberían figurar en las listas negras en todo el mundo, no llegándose ni a considerar su inclusión en las listas blancas. Luego, en cada región se generarían las listas blancas, según los criterios previamente mencionados (ya sea tolerancia ambiental, facilidad de adquisición en comercios…) donde se permitirían las especies incluidas y se prohibirían todas otras las demás que no figuren en dicha lista.

Puede impactar la idea de hacer tal cambio en el sistema, pero está demostrado que realmente el actual no está funcionando. Todas las especies del mundo tienen que lidiar cada vez con más impactos producidos por los seres humanos, ya sea por pérdida de hábitat, contaminación o sobreexplotación, si a estos hechos sumamos la citada introducción de especies y que esta va en aumento estamos poniendo a nuestra biodiversidad en una situación crítica. Como las redes de intercomunicación y el transporte de mercancías crecen diariamente debemos evitar un costo cada vez mayor de las invasiones biológicas y se deben hacer esfuerzos para evitar la entrada de nuevas especies foráneas, por tanto, esta idea puede ser una vía para empezar a mejorar este problema. 

Actualmente quizás no estamos preparados para poder generar estas predicciones de probabilidades de invasión con límites de confianza muy ajustados, si se supieran qué invasiones serían perjudiciales y cuáles no, sería fácil excluir a las especies potencialmente invasoras de las inocuas. Sin embargo, la Biología de la invasión es un nuevo campo que surgió como una disciplina independiente ya en los años ochenta. Se han hecho grandes progresos, por lo que es necesario invertir financiación para poder generar tal conocimiento que permita discernir con gran precisión de especies nocivas de inofensivas para el medio ambiente. Por lo menos durante las próximas décadas, más aún si no hay interés en inversión en la Biología de las invasiones, tendremos que suponer que la mayoría de las introducciones establecidas son irrevocables y que nos tocará convivir con cada vez más especies exóticas invasoras.

Artículo escrito por: Sergi Vargas-Amengual (v.sergi@hotmail.com)

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